
Espíritu de Dios, espíritus de los ángeles y los arcángeles desciendan sobre mí.
Fúndeme, Señor, modélame, lléname de ti, utilízame y ordena a tus ángeles y arcángeles que con su luz saquen todo mal de mí.
Expulsa de mí todas las fuerzas del mal, aniquílalas, destrúyelas, para que yo pueda estar bien y hacer el bien.
Expulsa de mí los maleficios, la posesión diabólica y la obsesión y perfidia; todo lo que es pecado; la enfermedad física, psíquica, moral y espiritual.
Quema todos esos males en el infierno, para que nunca más me toquen a mí ni a ninguna otra criatura del mundo.
Ordeno y mando con la fuerza de Dios omnipotente, en nombre de Jesucristo Salvador, por intercesión de la Virgen Inmaculada, a todos los espíritus inmundos, a todas las presencias que me molestan, que me abandonen inmediatamente, que me abandonen definitivamente y que se vayan al infierno eterno, encadenados por San Miguel Arcàngel, por San Gabriel, por San Rafael, por nuestros àngeles custodios, aplastados bajo el talón de la Virgen Santísima Inmaculada.



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